Convivir con la insatisfacción

A menudo, en sesión, me encuentro con visiones que han integrado los mensajes que nuestra cultura nos vende. Algunas personas creen que con esfuerzo y tesón un día llegarán a conseguir todo lo que se propongan. De nuevo la psicología positiva ha ayudado a dibujar un panorama por lo menos ingenuo. Está claro que sin disciplina e insistencia no podremos conseguir nuestros objetivos. Sin embargo, a veces no conseguimos nuestros objetivos a pesar de nuestra dedicación. Quizás sea porque el contexto no es favorecedor o, simplemente, lo que nos proponemos no encaja con nuestras habilidades, como explica en esta charla TED Odín Dupeyron (con mucho humor).

Una cosa es esforzarse y tener claro que sin esfuerzo, sin intentarlo, seguro que no vas a conseguir lo que te propongas. La otra, bien diferente, es creer que un día, por así decirlo, a fuerza de insistir y trabajárselo, uno se va a iluminar o llegará a un punto de no retorno y a partir de allí todo fluirá, realizándose todos nuestros deseos y anhelos. Me temo que la cosa no funciona así; no hay un día a partir del cual comemos perdices y anices, como nos decían los finales de los cuentos. Vivir implica desde sorpresas y reveses a trabajo constante, diario. El único premio al que podemos aspirar es a sentirnos satisfechos con nosotros mismos -quizás en medio del caos- y aprender a convivir con el hecho de que nunca nada es ideal o perfecto. O sea, mejor convivir con lo imperfecto y lo insatisfactorio.

¿A quién no le ha ocurrido conseguir aquello que deseaba… y, una vez allí, no era exactamente como lo esperaba?  Así que cuando oigo decir “Si aprendo a estar bien solo/a, entonces encontraré pareja“, o “Con lo que me lo estoy currando, la vida debería premiarme” o “Sí, pero no es como yo imaginé”, empiezo a hablar de convivir con la insatisfacción. Vivir no es 2 + 2 = 4. No llegaremos al día en que estaremos estupendamente bien. Sentirse más o menos estupendo es una opción personal. Quizás no estoy en la mejor de mis situaciones; sin embargo, puedo valorar positivamente ciertos aspectos y sentirme contento a pesar de muchas carencias.

A los humanos no nos queda otra que aprender a vivir nuestra existencia como es: incompleta. Se llama aceptar. Aceptar que las circunstancias quizás no son las más dichosas o las mejores o las que deseamos. Aceptar que siempre faltan cosas. Aceptar que no tenemos ciertas habilidades y sí ciertos defectos. Y, al menos para mí, aceptar es lo más complicado.

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