La dictadura de la extraversión

Lo de la dictadura de la extraversión es una frase que le he oído decir más de una vez a Jaume Cardona. Resume humorísticamente (o no) cómo vivimos los introvertidos ciertas ideas de lo que supuestamente es o debería ser normal. Como escriben en este artículo (que no tiene desperdicio) la gente de The School of Life (y traduzco): <<Para tener alguna posibilidad de parecer normal o lograr el éxito, uno debe lograr una serie de hazañas para las cuales los extrovertidos parecen inherentemente adecuados: impresionar a extraños, asistir a conferencias, pronunciar discursos, eclipsar a los competidores, gestionar a las personas, unirse entusiasmadamente, reflejar la opinión generalizada, socializar, viajar mucho, salir a menudo y tener muchas citas>>.

Cualquiera que se mueva en la dimensión introvertida sabe cuánto puede costarle todas estas hazañas. Ya para empezar es llamativo que lo veamos como “hazañas”. O sea, acciones gloriosas o heroicas. Especialmente es una hazaña si a la introversión se le suman otras dimensiones como la timidez o la vergüenza. Entonces es ya la lotería. Una mala lotería. Pero bueno, a alguien le toca.

Según la teoría del arousal, las diferencias entre Introversión y Extraversión se deben al arousal o nivel de excitación, atención y alerta corticales. Es un término utilizado en la neurología, fisiología y psicología médicas que designa una activación general fisiológica y psicológica del organismo. Supuestamente, los Introvertidos tenemos un nivel de excitación elevado ya de per sé. Si Obélix cayó en un caldero mágico que le dio una fuerza sobrehumana, los Introvertidos caímos en un caldero eléctrico. Así que cualquier otro estímulo externo fácilmente nos puede excitar todavía más. En cambio, los Extrovertidos tienen un nivel de excitación bajo. Por eso necesitan y buscan constantemente imputs y estímulos externos para evitar (el peligro de) quedar aletargados.

Hasta que no descubrí que era del gremio de los introvertidos, sentía que no encajaba para nada. Como dicen en el artículo de TSL, me sentía rara porque no tenía ganas de ir a fiestas (siempre llenas de gente eufórica, que parecía estar pasándolo en grande, ruido, exhibicionismo, etc.); me moría de vergüenza ante la sola idea de hablar en público; y en general sentía que era bastante torpe en cuanto a las relaciones sociales. Siempre me ha costado entender los códigos sociales. Todavía me cuestan.

Todavía me pregunto si alguien me da un abrazo porque realmente lo siente, o es porque toca, porque va a quedar bien. Todavía no sé a ciencia cierta cuando alguien está siendo auténtico o simplemente es hábil en parecerlo. Nunca sé cuando algo es verdad o mentira. Cuando las palabras que se han dicho son significativas o si se las va a llevar el viento en el minuto 0. A veces cuento algo y parece que el que escucha lo está entendiendo y, con el tiempo, ciertos comentarios o acciones me hacen ver que no, que no lo entendió para nada. Gente que parece estar pasándolo en grande en una fiesta y luego va y me confiesa que se ha aburrido mucho… Claro está, con el tiempo también he aprendido a disimular en cierto grado, a parecer que algo me apetece, o que me resulta interesante, a sonreír, aunque no le vea la gracia… La habilidad de guardar las formas.

Luego está la mal utilizada etiqueta esa de antisocial para referirse a los Introvertidos. Cuando quieren decir asocial. Ya sé que para muchas personas es difícil comprender que un gesto, una palabra, una actitud pueda sobreestimular a una persona introvertida. Volvamos a lo del arousal: si ya vengo acelerada de serie, cualquier chispa todavía me produce una descarga eléctrica más fuerte. Así que no, gracias. No hace falta añadir más leña al fuego. O quizás solo a ratitos y a sorbitos, porque de vez en cuando incluso me apetece. No es nada personal. Y, sobre todo, no soy antisocial. Pero oye, que si insistes con la dichosa etiqueta, quizás lo acabes consiguiendo.

Un introvertido, por todo eso, tiende a buscar la calma. O acostumbra a aprender con el primero o segundo revés. Mientras otros necesitan meter la pata hasta 4 veces. O más.
Sea como sea, si eres introvertido acostúmbrate a tus rutinas. Como escriben los de TSL en el artículo anteriormente mencionado: <<(…) adoramos quedarnos en casa, estaríamos muy contentos de pasar un fin de semana completo (o incluso algunos años) en nuestra propia compañía con algunos libros y un ordenador portátil, solo nos gustan unas tres personas en el mundo, nos encanta explorar los diferentes recovecos de nuestras mentes, nos tranquilizan amigos que saben cómo confesar su vulnerabilidad y ansiedad, nos gustaría no tener que volver a ir a una fiesta, casi nunca nos quejamos de que las cosas estén demasiado tranquilas y nos encantan los paisajes pacíficos y los días sin incidentes. También nos gustan las flores>>.

Porque no encajar es bastante más normal de lo que parece. O se siente más habitualmente de lo que se reconoce públicamente. Sobre no encajar es de lo que van todas las películas yanquis sobre adolescentes en las siempre salvajes High Schools; salvajes porque se pisotean las emociones. Atención porque en este tipo de películas el/la protagonista siempre es el/la raro/a, el/la introvertido/a, el/la nerd, algún perfil que no encaja en el ecosistema social. Creo que no he visto ninguna en que el/la prota sea la cheerleader buenorra o el musculado capitán del equipo de beisbol, rugby, lo que sea.

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