Corta el rollo

Como ya he contado en otras ocasiones, no puedo imaginar a la persona como un ente congruente y cohesionado.
¿A caso no estás constantemente metido en un diálogo interno avasallador con opiniones incluso encontradas? ¿No te da la sensación como si tuvieras varios comentaristas en tiempo real opinando sobre lo que haces, lo que no haces, lo que dices, lo que no dices…?

Este debate en parte tiene sentido porque significa que estás valorando la situación que se está dando además de valorar cómo posicionarte ante aquello que está ocurriendo.

El debate entre los comentaristas podría ser algo parecido:
-El juez interno exige: ¡Deberías haberlo hecho mejor! ¡Esto no es suficiente!
-El culpable dice: ¡Soy una mala persona (por no haberlo hecho mejor)! ¡Debería recibir un castigo!
-El víctimas opina: No sirvo para nada…
-El presentador añade: … pero que no se note, que no lo vean los otros
-La rabia y/o la tristeza se hacen sentir.
¡Al paredón!, insiste el juez interno.

La capacidad de advertir este constante diálogo es un habilidad psicológica de gran ayuda. Detectar los procesos de pensamiento te permite, no solo conocerte mejor (cómo reaccionas ante determinadas situaciones, qué emociones y diálogos los acompañan), sino también, a cuestionar el tipo de mensajes de los comentaristas verborreicos que parecen habitarte.

Si regresas al diálogo propuesto, puedes ver que el mensaje subliminal que se desprende es que no confías en ti, en tus cualidades. Es el clásico síndrome del impostor.

Y esta es una creencia que aparece de manera recurrente en sesión: que uno es poco menos que un desastre; un ser despreciable; mientras que los otros son (siempre o casi siempre) mejores. Esto causa un sentimiento embarazoso, de profunda vergüenza. La propia vergüenza pone en marcha de nuevo al juez interno que forzará a esconder el fraude que eres. Porque si no, ¿qué pensarán los otros si lo descubren? El bucle infinito.

Del mismo modo, también hay personas que sobredimensionan sus cualidades. Pero esto es arena de otro costal.

Si eres de los que tiende a juzgarse duramente, te interesará saber que no eres el raro de la película, a diferencia de lo que crees. No eres la excepción sino más bien la regla.

Russ Harris lo cuenta muy bien en una lectura que te recomiendo para este verano: “Cuestión de confianza. Del miedo a la libertad“. Nuestra mente evolucionó para protegernos de los peligros en aquellos tiempos en que íbamos en cuadrillas de cazadores-recolectores. Así que está preparada para detectar obstáculos, hacer comparaciones y predicciones y, por supuesto, valorar las situaciones. O sea, emite juicios constantemente.

A ver si te suenan algunos:
Esto es muy difícil para mí“, “no tengo lo que se precisa para esto“, “me gustaría pero no tengo tiempo” o la versión “no tengo energía“, “no tengo disciplina y/o fuerza de voluntad“; “me falta motivación y/o necesito que alguien me motive“; “yo solo no puedo“; “estoy demasiado ocupado“; “estoy muy cansado“; “empezaré la semana que viene“; “seguro que voy a fracasar“; “es una pérdida de tiempo“; “voy a parecer un idiota” o “voy a hacer el ridículo“; “aún no estoy listo“; “necesito practicar más” o “necesito más tiempo“; “tengo que aprender más sobre el tema antes de meterme en ello“; “¿por qué es tan difícil?“; “cada vez que intento hacerlo, acabo fallando: entonces, ¿por qué va a ser distinto esta vez?“.

Lo interesante es que puedes romper el hábito del malpensar. Harris en su libro da algunas pautas.

Una de las formas es:

1- empezar a observarte como habitado por varios comentaristas con opiniones y visiones distintas y escuchar lo que dicen. Apunta el mensaje en algún lugar: el móvil, una libreta… También cómo lo sientes en el cuerpo y si viene acompañado de alguna emoción.

2- A continuación, puedes empezar a ver hasta qué punto te ayuda pensar de este modo, a dónde te lleva. ¿Te sirve para algo? ¿Te permite hacer aquello que deseas? ¿O más bien acaba funcionando de freno, alimentando más y más tu frustración?

3- Por último, mándale callar. Como dice un personaje de la película de Pixar Luca: Silenzio, Bruno!

La actitud y la motivación no vienen primero. Si no al revés: es haciendo primero que acabas cambiando tu actitud y sintiéndote motivado.

Como dijo alguien: Lo contrario de hacerlo bien no es hacerlo mal. Es no hacerlo.
Mark Twain lo puso más bonito: Dentro de 20 años no te arrepentirás de lo que has hecho, sino de lo que no has hecho.

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Espero que te sirva la lectura. Te deseo un fructífero verano. Por mi parte, permaneceré en silencio un tiempo. Soy bastante fan de la dieta digital. 😉 Cuídate.

Imágenes de Pixabay.

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