Pero que mala persona que eres. La culpa parte 1.

Hace relativamente poco saqué un Kit emocional de primeros auxilios * que recoge algunos asuntos habituales que me encuentro en sesión.

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En resumen, lo más común es pensar de un@ mism@ que eres un@ rar@ por sentir, por ejemplo, envidia hacia otra persona, o que eres un mal padre/madre, una mala pareja o un mal hijo, un@ impostor@, que estás sol@ ante las vicisitudes que te presenta la experiencia vital, por enfadarte, porque deberías ser más paciente o poner límites o controlar tus emociones… o haberlo visto a venir.

También la sensación de ser un@ frikie se da por comparación: a los otros les va (siempre) mejor, todo el mundo está en pareja menos tú, todo el mundo es más feliz (o más algo) que tú, porque el tal o la cual es director o ceo (u otro cargo) y triunfa profesionalmente… y tú no.

A nivel emocional, un clásico de la terapia es el sentimiento de culpa. La culpa es consecuencia precisamente de todos estos reproches constantes que describo en los párrafos anteriores.

La culpa se vive como un gran peso.

Primero de todo, vale la pena tener en cuenta que este sentimiento lo gestiona esa instancia interior llamada Juez Interno, que hace la función de una especie de comentarista en directo de todo lo que haces o dejas de hacer en tu vida.

Este comentarista personal se dedica a ponerte en evidencia constantemente: nunca eres suficiente, nunca haces suficiente, siempre metes la pata, etc. No solo te tira en cara supuestos fallos personales gravísimos, sino que te dice que deberías hacer más, esforzarte más o ser más (= seguro, autosuficiente, amoroso o como el/la tal o el/la cual). Y por supuesto no deberías pensar, sentir o hacer eso que precisamente estás pensando, sintiendo o haciendo porque ¿qué pensarán de ti los otros como se enteren?

El Juez Interno te lleva a configurar un Ideal de cómo-deberías-ser-pensar-sentir-actuar. Configura una imagen de ti superior: un Yo Superbo, el único admisible a la vista de los otros.

El Yo Ideal según tu Tribunal Superior de Justicia Interno

Querer mejorar como persona dice mucho de ti en positivo. El problema es pretender ser ese ser superior las 24 horas a la semana los 365 días del año, que no camina sino flota. Mantener una especie de expediente impoluto de la personalidad. Vamos, que ni los dioses del Olimpo podrían cumplir con ese expediente. De hecho, ni los dioses del Olimpo se molestaban en ser perfectos. Bien al contrario. Zeus violaba, Hera tenía ataques de celos… gente muy maja. 😦

Porque en realidad ¿qué pasa cuándo tratas de cumplir con ese Ideal del Yo? Pues que no lo puedes alcanzar por mucho que lo trates. Tranquil@: no es un defecto tuyo personal. El resto de 7 mil millones de personas que habitan el planeta tienen el mismo defectillo. Quizás es solo que maquillan, camuflan o editan muy bien el defectillo. Ese de ser humano.

Pues sí: eres un humano muy humano y ser humano implica que tienes horas, días, momentos y épocas mejores que otras. A veces estás más acertado, otras veces menos y otras metes la pata en varios grados. No sé tú, pero yo he aprendido de mis meteduras de pata más que nunca. Como persona siempre evolucionas y puedes mejorar a partir de la interacción contigo y con tu entorno. Por no hablar del temilla ese de que no nacemos enseñados ni aprendidos.

Pero si no te das cuenta de cómo funciona esta dinámica interna (Juez interno presionando al Yo para que sea Ideal), vas a sentir que estás constantemente fallando como persona, compañero, padre, hijo, hermano, profesional, jefe, amigo… porque nunca alcanzas a ser esa persona modélica que tu Tribunal Superior de Justicia Personal imagina. Y, por lo tanto, ante el inevitable fracaso, vas a sentir culpa: porque eres poco menos que un inútil, una vergüenza o una mala persona.  

Lo peor de la culpa es que por no cumplir con ese ideal de persona o por haberle fallado a alguien (en singular o plural), entonces debes pasar a pagar por esa falta -supuestamente tan- grave. Eso significa que debes recibir un castigo.

En general el castigo es la propia recriminación, hecha de vergüenza, que te lleva a empequeñecerte y minar tu autoestima. Cuando sientes que la tierra debería tragarte.

En próximos artículos te expondré algunas situaciones que detonan culpa e incluso veremos el lado positivo de ésta. Sí, sí: positivo. 😊

Imágenes de Pixabay.

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