El componente social de la autoestima

Es uno de los palabros de moda. Para mi es el grado de amor propio: el amor que sientes por ti mism@. Del 1 al 10, ¿por dónde dirías que anda tu amor propio?

En mi opinión, la autoestima se parece a un valor de la bolsa. Según qué circunstancias se den en el contexto, puede subir o bajar. Y es que, aunque la autoestima depende de uno mismo, también depende de otros factores.

¿Cuánto de tu autoestima estás dispuesto a reconocer que dependen de tu entorno social? Recordemos que los sapiens somos animales sociales. Parte de nuestra psique se construye en (la) relación con los otros.

Primero porque durante nuestro desarrollo dependemos de una tribu que nos cuide. Al nacer, no podemos valernos por nosotros mismos. La tribu nos alimenta, nos cura, nos calma, nos limpia, nos habla.

Segundo: nuestra identidad personal se construye en parte por la observación y consecuente comparación con los otros. Nos damos cuenta de que somos parecidos. También de que somos diferentes. Así, un hermano se compara con otro y puede ver que él es más movido e inquieto y su hermano más tranquilo y paciente. Además, los otros también nos comparan. Por ejemplo, nuestros padres nos han podido llegar a decir “Deberías tomar ejemplo de tu hermano”.  

-En ese sentido también aprendemos que nuestros actos y comportamientos son recibidos de ciertas maneras. Y, muy importante, que tienen consecuencias. Tanto los actos propios como los ajenos. Tu hermano mayor siempre anda metiéndose en líos. Tus padres siempre andan enfadándose y castigándole. Optas por otra estrategia: pasar lo más desapercibido posible.

-A medida que crecemos (y nuestro cerebro se va desarrollando), experimentamos situaciones, somos capaces de captar las sutilezas de lo que nuestros cuidadores consideran adecuado – no adecuado. A este proceso se le llama socialización: aprendemos e interiorizamos costumbres, normas, creencias… tanto de nuestra familia como de la sociedad a la que hemos ido a parar. Así, hay reglas, leyes, normativas y tabús que organizan las relaciones. Son los códigos sociales. Una especie de Manual de Instrucciones de nuestra Sociedad / Familia (o MISF).

-Por otro lado, nuestra especie viene con varios chips instaurados por la evolución. Uno de ellos es el Instinto de Pertenencia. Significa que necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo. Dicho de otro modo, necesitamos ser reconocidos por los otros. Así que inconscientemente trataremos de encajar lo mejor posible. Internamente implica que antes o después se desatará una especie de lucha entre un yo que desea encajar y un yo que se desmarca de algunas leyes o creencias. Un ejemplo clásico: mi familia quiere que sea médico, pero a mi me va la literatura. Es una tensión inevitable. Estar en desacuerdo o abiertamente en contra, mueve un terror básico de la especie: que ese desencuentro signifique el ostracismo social. Incluso el linchamiento social.

Un claro ejemplo de estos son los linchamientos o acosos en las redes sociales. Es el fenómeno de la cancelación. Un rechazo violento a opiniones de personas que otras consideran inadmisibles: no encajan en la actual corriente de opinión de lo que es y no es adecuado.

No hace falta que sean opiniones. Pueden ser también sospechas. Recomiendo la brillante película de Clint EastwoodRichard Jewell”. Retrata a la perfección cómo alguien puede pasar de héroe a caer en desgracia basándose en sospechas y rumores, y como la sociedad se le gira de espaldas e incluso le acosa. Ésta es una de las peores pesadillas inconscientes de cualquier ser humano: ser rechazado por sus semejantes.

-Por eso aprendemos a edades tempranas, los códigos de conducta que rigen les relaciones interpersonales. Voy a poner un ejemplo. Habitualmente tratamos de “quedar bien” con personas desconocidas o recién conocidas. En general, nos guardaremos bien de dar nuestra opinión de entrada, sobre algo o alguien. Si alguien que acabamos de conocer nos cae mal, no le decimos “Hola, me llamo tal. Por cierto, me has caído fatal”. No lo hacemos porque hemos interiorizado un código de conducta. Es el principio de no agresión. Aprendemos a guardar las formas o las apariencias. Vamos a ser más sutiles: si alguien nos ha desagradado vamos a evitarle, después de algunas fórmulas de cortesía y sonrisas, simplemente apartándonos.

-poco a poco nos volvemos más o menos hábiles leyendo las micro-reacciones de las otras personas con las que interactuamos. Bueno, también a veces imaginamos e interpretamos. Por eso matizo la habilidad de cada uno. A partir de las micro-reacciones modulamos nuestro comportamiento. Te pongo un ejemplo que probablemente habrás vivido en alguna ocasión. Con tus amigos compartes un sentido del humor y un tipo de bromas. Sin embargo, vas a un encuentro social con personas que no conoces. Haces 2 ó 3 comentarios que desatarían la risa entre tu grupo de amigos. Aquí, en cambio, tu humor es recibido con una acogida glacial. Con sorpresa, incomodidad o desagrado. ¿Qué vas a hacer? No vas a insistir en ese tipo de humor porque has entendido que aquí no encaja. Así que lo más probable es que acabes callándote.

-Si estás dispuesto a mantenerte en una opinión o actitud, vas a tener que lidiar con otro terror inconsciente: el miedo al aislamiento, a la soledad, por relegación social. Ser rechazado por tus semejantes es fuente de destrucción del amor propio. Que se lo pregunten a cualquier persona que haya vivido algún tipo de acoso por parte de semejantes. Por ejemplo, cualquier persona, niño, joven o mayor, que es el objetivo de bullying. Y eso que en estos casos no necesariamente se desatan porque uno mantenga una opinión o actitud firmes. Simplemente es escogido por alguien que necesita denigrarle para sentirse por encima. Solo necesita eso y que aquellos que asisten como testimonios digan o hagan nada.

            Además de los aspectos sociales y los instintos que se descargan en el programa Sapiens, la autoestima tiene que ver con la relación que mantienes contigo mismo y que paradójicamente se ha construido en la relación con los otros. Lo veremos en el próximo artículo.

Imágenes de Pixabay.

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