Educación emocional

En los últimos años han proliferado en escuelas de primaria, iniciativas para enseñar a los terrícolas más pequeños esto que se ha convenido en llamar inteligencia emocional (IE). Seguro que has oído hablar de ella. Probablemente también hayas oído hablar de la famosa empatía (E). Acostumbro a decir que cuando se pone de moda hablar de algo es porque nos falta de eso. Nos falta IE o E. O: somos analfabetos emocionales egocéntricos.

A los terrícolas de generaciones previas, lo de la IE o la E lo hemos tenido que aprender de otros modos. Por ejemplo, en mi caso yendo al terapeuta con una crisis monumental a cuestas. Allí descubrí que los sentimientos no son una entrada del diccionario ni tampoco algo de lo que avergonzarse. Descubrí un montón de cosas más. Sentí que recibía una segunda educación: esta vez, emocional.

Así que en esta web comparto algunos de estos aprendizajes y otras observaciones desde mi experiencia como persona (sobre todo), terapeuta, profesora y antropóloga. Eso sí, en un tono irreverente e irónico las más de las veces. Porque que en una misma frase coincidan educación y emoción no tiene por qué ser súperserio.

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